
La primera vez que probé un bagel fue en Nueva York. Teníamos cerca del hotel un deli, y todas las mañanas desayunábamos uno. El mostrador de los bagels era impresionante, había de todos los sabores y colores: de cebolla, de espinacas, de remolacha, de chocolate, de diferentes tipos de harina… Y si ya era difícil decidirse por uno, aún lo era más escoger entre las mil posibilidades para rellenarlo: salmón, jamón cocido, mantequilla de cacahuete… ¡Quería probarlos todos!
Ahora, cuando recuerdo aquel viaje, y me vienen las ganas de volver pronto, me consuelo con unos bagels. He probado varias recetas y al final, después de hacerlos muchas veces, he acabado haciendo mi propia receta. El secreto de la textura de su masa, es que antes de hornearlos hay que hervirlos unos segundos. El sabor os conquistará, y admite tanto un relleno dulce, para los más golosos, como uno salado. Para hacerlos utilizo unos moldes de Lekué que me trajo Papa Noel hace un par de años, así evito que se cierre el agujero al levar la masa. Pero como veréis en la foto, se puede hacer sin molde y quedan muy bien.
Seguimos con nuestro objetivo de dedicarle al desayuno el tiempo que se merece, y para ello nada mejor que unos bagels ¿nos acompañáis?
Ingredientes:
(Para unos 8 bagels de 100 gr)
- 300 gr de harina de fuerza.
- 200 gr de harina de trigo integral.
- 2 cucharadas soperas de aceite de oliva.
- 30 gr de panela (azúcar de caña sin refinar, pero se puede usar azúcar refinada).
- 300 ml de agua templada.
- 2 cucharaditas de levadura seca de panadero.
- 1 cucharadita y media de sal.
- Semillas para decorar: sésamo, lino, semillas de amapola, o las que más te gusten.
Preparación:
- Disuelve la levadura y el azúcar en 150 ml de los 300 ml de agua templada.
- Tamiza los dos tipos de harina con la sal. Haz un volcán con un agujero en el centro. Echa la mezcla del agua con la levadura y el azúcar, el aceite y mézclalo todo de nuevo.
- Incorpora el resto del agua y amásalo todo hasta obtener una masa firme y flexible.
- Coge un bol y engrásalo con aceite. Haz una bola con la masa, introdúcela en el bol, tápalo con un paño limpio y déjalo levar durante una hora.
- Pasado este tiempo, la masa debe haber doblado su volumen. Divide la masa en ocho bolas de unos 100 gr cada una.
- Dale forma a cada bola, haciendo un agujero en el centro y abriéndolo (ten en cuenta que la masa tiende a volver a cerrar el agujero, y que al levar por segunda vez se cerrara un poco). Si tienes moldes, es el momento de usarlos. Introduce cada bagel en su molde.
- Colócalos en una bandeja y vuélvelos a tapar con un paño durante unos 30 minutos.
- Precalienta el horno a 220ºC.
- Pon una olla con agua y una cucharada de bicarbonato a hervir. Cuando esté hirviendo sumerge los bagels uno a uno durante unos 10 segundos y vuélvelos a colocar en la bandeja de horno. ¡Cuidado!, escúrrelos bien para que no quede agua en la bandeja.
- Una vez hayas hervido todos, y los tengas en la bandeja, los puedes decorar echando por encima las semillas que más te gusten (en esta ocasión he utilizado sésamo negro y lino dorado).
- Hornéalos durante 15 minutos a 180ºC. (Este punto debéis revisarlo dependiendo de vuestro horno).
- Pasado este tiempo, y veáis que están doraditos, sacadlos del horno y dejadlos sobre una rejilla para que se enfríen.
- ¡Ahora sí!, rellenadlos con lo que más os guste, imaginación al poder. Están más buenos cuando se han enfriado un poco pero, si la gula os puede, calentitos no están nada mal.
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