
La cocina ha cambiado mucho desde la época de nuestras madres y abuelas: nuevos ingredientes, influencias de otras cocinas…, que se han ido fusionando a la nuestra y cambiándola. De manera que si mis abuelos se sentasen hoy en mi mesa no sé hasta qué punto les gustaría lo que les pusiese delante, acostumbrados a una cocina sencilla, con ingredientes de temporada. Y no digo que la globalización en la alimentación sea mala, todo lo contrario, adoro viajar y para mí una parte muy importante de los viajes es la gastronomía. Me encanta probar platos de otros lugares y todo lo que me gusta lo intento reproducir en mi cocina. Pero es cierto que nuestros abuelos sabían sacarle el máximo partido a los ingredientes más sencillos, que conforman nuestra cocina tradicional y son parte de nuestra cultura.
Lo que hoy os traigo es una de esas recetas sencillas, pero que potencia todo el sabor de su ingrediente principal, las alcachofas, que además es una de mis verduras preferidas. Esta es la receta de la abuela de mi marido, Toneta. Una mujer que adoraba la cocina y disfrutaba haciendo comidas pantagruélicas a su familia. Hija de cocinero, de esos que con tan solo el aroma de su guiso, sin necesidad de probarlo, sabía si estaba en su punto o le faltaba algún condimento, heredó el gusto por la cocina y transmitió a su familia todo un recetario de la cocina tradicional de la montaña alicantina.
Aquí os detallo cómo hacer estas alcachofas, a las que he añadido mi toque personal con el aliño. ¡Espero que os gusten! No dejéis de contarme si las probáis.
Ingredientes:
-4 alcachofas.
-Medio limón.
-Agua.
-Aceite de oliva.
-Para el aliño: unas almendras tostadas, aove, zumo de medio limón, un poco de ralladura de limón, una pizca de sal y un poco de pimienta.
Preparación:
-Preparar un cuenco donde quepan las alcachofas, llenarlo de agua y verter el zumo de medio limón. Dejar dentro del agua ese medio limón que acabamos de exprimir.
-Limpiar las alcachofas. Retiramos las hojas de fuera y cortamos las puntas. Las partimos por la mitad, las lavamos bien y las vamos metiendo en el cuenco que hemos preparado con agua y limón.
-Dejarlas a remojo una hora de manera que queden totalmente sumergidas en el agua. Yo suelo tapar el cuenco con un plato que haga peso sobre las alcachofas y así queden totalmente cubiertas por el agua.
-Pasado ese tiempo, poner las alcachofas en una perola, con el corte hacia abajo. Echar un poco de aceite de oliva sobre las alcachofas. Acto seguido verter parte del agua con el que han estado a remojo en la perola, pero que no queden totalmente cubiertas. Echar también el medio limón.
-Tapar y dejar cocer a fuego medio hasta que se consuma el agua.
-Para el aliño: en un mortero picar muy finas las almendras hasta que quede una pasta. Podéis sustituir las almendras por cualquier fruto seco que tengáis en casa: nueces, pistachos… Añadir el zumo de medio limón, un poco de aceite de oliva, la ralladura de limón, la sal y la pimienta. Mezclar bien hasta que todos los ingredientes queden bien integrados.
-Emplatar las alcachofas, echar por encima el aliño o, si lo preferís, servirlo en un cuenco aparte. Y… ¡a saborearlas!